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EscobarR. (2019). El docente, sus responsabilidades y atributos, y la Educación Médica. Salud Areandina, 6(2). https://doi.org/10.33132/23229659.1373

Resumen

La calidad de la educación de un país no es superior a la calidad de su profesorado (Marchesi, en Velaz y Vaillant, 2009).  Los docentes son depositarios de una gran responsabilidad en el desarrollo del proceso enseñanza-aprendizaje compartida, por supuesto, con los estudiantes y los demás actores de la estructura académico administrativa de la universidad. Ellos son quienes tienen el contacto inmediato y los mediadores entre el conocimiento y los estudiantes.

Su rol, sin embargo, supera los aspectos puramente trasmisionistas. Ni el docente es el dador de conocimiento ni el estudiante es recipiente del mismo. La relación docente estudiante es una de construcción continua, de superación y generación permanente de expectativas, de descubrimiento e indagación. Es una relación simbiótica, de interdependencia; de no ser así no tiene sentido y sería puramente artificiosa.

Este papel del docente establece para él una preparación especial; no se es buen docente por el solo hecho de ser buen profesional en un área específica del conocimiento. En medicina decimos que “se acostó residente[1] y amaneció docente”. No, es necesario tener una serie de competencias para las cuales se debe formar.

La Asociación Mexicana de Facultades y Escuelas de Medicina (AMFEM, 2012) define las competencias del Educador Médico (extiéndase a educadores de programas de ciencias de la salud) “como la capacidad para propiciar en los estudiantes una formación y actualización que respondan de manera efectiva a las demandas sociales de atención, educación e investigación médicas” y propone las siguientes competencias: “1. Diseño y rediseño de planes y programas de estudio. 2. Diseño y organización de métodos, prácticas y recursos didácticos. 3. Coordinación de procesos educativos. 4. Promoción del profesionalismo. 5. Diseño y aplicación de instrumentos de evaluación. 6. Participación en la generación de conocimiento científico” cada cuál más importante.

Cada una de estas competencias es un capítulo que habría que desarrollar en extenso, y que desarrollaremos a través de un diplomado y posiblemente de una maestría. Sin embargo, para efectos de este corto mensaje quiero resaltar lo que tiene que ver con esos atributos de interrelación que se da entre el conocimiento en profundidad de un área de desempeño y el impacto en el estudiante.

Ken Bain, a quien mencioné en el editorial anterior, en su libro “Lo que hacen los mejores profesores de universidad” (2007) resalta los siguientes puntos para caracterizarlos: 1. ¿Qué es lo que saben sobre cómo aprendemos?; 2. ¿Cómo preparan las clases?; 3. ¿Qué esperan de sus estudiantes?; 4. ¿Cómo dirigen la clase?; 5. ¿Cómo tratan a sus estudiantes?; y, 6. ¿Cómo evalúan a los estudiantes y a sí mismos? Recomiendo firmemente leer los dos libros de Bain pues resultan altamente ilustrativos sobre los temas relacionados con la interacción docente estudiante en el proceso enseñanza aprendizaje.

La complejidad del tema amerita un esfuerzo institucional muy importante para el desarrollo profesoral, no solo desde el punto de vista de la actualización en su área de experticia profesional, sino en la formación como formadores.

El docente universitario de las áreas de la salud, además de la diversidad de los estudiantes, lo que ya significa un gran reto para obtener resultados, se enfrenta a ambientes de aprendizaje diversos y poco conocidos por otras disciplinas como los ambientes clínicos, donde seres vivos, vulnerables por su condición de salud, hacen parte del proceso enseñanza aprendizaje.

La Educación Médica (Docencia para la Educación Superior en Salud) es una disciplina reconocida en el mundo, con un núcleo de conocimientos propios, y parte de las ciencias de la salud. Las más importantes facultades de salud y hospitales universitarios del mundo cuentan con departamentos de Educación Médica al mismo nivel que los departamentos clínicos.

Esto favorece que los docentes puedan sacar lo mejor de los estudiantes, potenciar sus capacidades, hacer de ellos aprendices profundos, realmente motivados, logrando su mejor desempeño. Algo que sin duda impacta sobre la calidad del egresado en beneficio de la sociedad.


 

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