Cómo citar
Escobar, R. (2019). Sobre las características del estudiante y su responsabilidad en el proceso formativo. Salud Areandina, 6(1). https://doi.org/10.33132/23229659.1372

Resumen

El estudiante es El Sujeto (sí con mayúsculas) principal de la acción educativa, y esta acción educativa no es otra cosa que una acción transformadora, que de manera interdependiente estudiante-docente-institución busca impactar a un individuo que viene con una historia, con un bagaje sociocultural, con un sustrato neurosicológica y neurocognitivo, que debe ser impactado por el proceso enseñanza aprendizaje.

Hay claros elementos relacionados con aspectos de orden vocacional, con actitudes hacia el aprendizaje permanente, con habilidades metacognitivas y autoevaluativas que inciden sobre el desempeño académico de los estudiantes.

Las de orden vocacional definen en gran medida las competencias de ingreso, permanencia en la universidad y las de posterior desempeño profesional. El compromiso nace del interés y no de otra cosa; no obedece a una exigencia académica o de otra índole, y éste incide de manera fundamental en la disposición hacia el aprendizaje.

Los aspectos deberían manifestarse desde antes del ingreso a la universidad y manifestarse no solo en aptitudes y comportamientos sino en conocimientos básicos que preparen para la formación avanzada. Un diagnóstico previo al ingreso siempre es deseable para fortalecer las competencias de formación.

Los conocimientos previos y la actitud para adquirir y desarrollar los nuevos, es fundamental; no se trata de estudiar para conocer sino para comprender. Y el aprendizaje para la comprensión implica ir más allá de lo que aplica a la asignatura, tiene que ver con explorar, indagar e interesarse en ir más allá de la clase. Adquirir competencias para el aprendizaje permanente, para toda la vida, desde el pregrado, garantizará en gran medida la capacidad de adaptación a los vertiginosos cambios que se dan en el mundo moderno y que serán cada vez mayores en la medida en que estemos más inmersos en la 4ª Revolución Industrial.

Ken Bain (2012) en su libro “Lo que hacen los mejores estudiantes universitarios” categoriza a los estudiantes en tres tipos: a) los de aprendizaje profundo; b) los de aprendizaje estratégico; y, c) los de aprendizaje superficial.  

Los primeros son aquellos que siempre van más allá; no estudian para una nota (aunque generalmente les va bien, para ellos no es lo más importante), estudian para comprender y descubrir, siempre van más allá de lo que les aporta la asignatura, y con frecuencia la institución; cuestionan e innovan, investigan y resuelven y, por lo general son grandes profesionales.

Los estratégicos estudian por la nota; quieren sobresalir y desean reconocimiento. Se afanan por lograr los primeros lugares y los galardones y, con frecuencia lo logran, pero suelen, también, sufrir grandes frustraciones porque no aprenden a resolver problemas.

Finalmente, el aprendiz superficial estudia para sobrevivir, para pasar la materia. Se limita a lo que dice el profesor, con frecuencia a las notas de clase, no investiga, no profundiza y no está motivado. Su desempeño profesional no suele ser promisorio.

La buena noticia es que estas condiciones no son invariables; el superficial puede ser profundo si encuentra razones para hacerlo, y en esto un buen profesor y la institución pueden hacer la diferencia.

Los buenos estudiantes se miran a sí mismos, hablan consigo mismos mientras estudian de tal manera que van haciendo ajustes permanentes para aprender y comprender, saben cómo aprenden y explotan esta habilidad; en el lenguaje de los pedagogos esta habilidad se llama metacognición y es algo que también los buenos docentes suelen estimular.

Finalmente me quiero referir al patrimonio sociocultural y cognitivo con el cual llegan los estudiantes, pues no todos llegan en igualdad de condiciones. Bain presenta estudios que demuestran lo que él denomina vulnerabilidad de estereotipo.  Esta consiste en la condición de inferioridad ante el aprendizaje y la comprensión que puede estar presente en un grupo específico, generalmente de minorías, (sociocultural, económico o étnico) frente a otros grupos.

Esta situación genera condiciones de enseñanza aprendizaje que no favorecen un desempeño pleno de los estudiantes de estas poblaciones; aunque sus estructuras neurológicas estén intactas, su desarrollo neurosicológico y cognitivo no es adecuado, y esto genera expectativas sobre sí mismos, y desde los demás, que los hace percibir menos capaces. Áreandina, propugna por un acceso amplio, no restrictivo, para dar oportunidades de superar estas brechas, lo que implica un esfuerzo mayor para desarrollar fortalezas de parte de los estudiantes y propiciar por parte de los docentes, y demás actores institucionales, comportamientos, actitudes y aptitudes que permitan afrontar el reto de llevar a estos estudiantes a un nivel superior.

El estudiante, centro del proceso de enseñanza aprendizaje trae consigo, por lo tanto, unas fortalezas y unas debilidades; un sustrato neurosicológico y cognitivo y unos activos y pasivos socioculturales que marcan el resultado del proceso enseñanza aprendizaje. Él tiene un rol activo en dicho proceso; la institución puede enseñar, pero él es el único protagonista del aprendizaje. Queremos aprendices profundos, comprometidos, inquietos, que exijan a sus docentes y no que tengan que ser exigidos por ellos.

Esto nos hará cada vez mejores, y merecedores de la función sublime formadora que nos ha otorgado la sociedad.

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